
Torrijas con pan brioche y canela
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En Semana Santa con el olor a incienso y las procesiones a la vuelta de la esquina, las torrijas son las verdaderas protagonistas de estos días para los que nos gusta el buen comer, . Es curioso, ¿verdad? Con lo poco que llevan (pan, leche, huevos y azúcar), es increíble que nos hagan tan felices.
Un viaje en el tiempo: El curioso origen de la torrija
Para entender por qué nos gustan tanto, hay que mirar un poco hacia atrás. No es un invento reciente; de hecho, la torrija tiene una historia de supervivencia y tradición que merece la pena conocer.
- La herencia de Roma: Aunque nos parezcan muy nuestras, la idea base ya rondaba por el siglo IV. En el famoso recetario de Marco Gavio Apicio, un personaje clave en la gastronomía romana, ya se describía un dulce de pan mojado en leche y frito en aceite. Lo cubrían con miel y, aunque todavía no utilizaban el huevo para rebozar, la esencia de lo que hoy cocinamos ya estaba ahí.
- Un tónico para la recuperación: Lo que hoy vemos como un capricho dulce, en el siglo XV tenía un uso casi medicinal. Escritores como Juan del Encina ya mencionaban las torrijas, pero vinculadas a las mujeres que acababan de dar a luz. Se consideraban un alimento «reconstituyente» por su gran aporte energético, ideal para ayudar a las madres a recobrar fuerzas. Por eso, durante mucho tiempo se las conoció popularmente como «rebanadas de parida».
- ¿Por qué son el símbolo de la Semana Santa? Su relación con estas fechas es una mezcla de pragmatismo y fe. Antiguamente, durante la Cuaresma, el consumo de carne estaba prohibido, lo que hacía que sobrara mucho pan en las casas. Para no desperdiciarlo y para compensar la falta de otros alimentos, se popularizaron las torrijas: eran baratas, saciaban mucho y permitían cumplir con el ayuno sin desfallecer. Con el tiempo, la tradición se asentó tanto que hoy no entenderíamos una Semana Santa sin ellas.
- Clases y versiones: No siempre se hicieron igual. Históricamente, las de leche eran un pequeño lujo reservado a quienes podían permitírselo o a los enfermos que necesitaban cuidados especiales. Por el contrario, las de vino eran las que más se veían en las tabernas y en las casas más humildes, ya que el vino era un producto mucho más asequible y fácil de conservar que la leche fresca.
Como ves, detrás de cada bocado hay casi 2.000 años de historia. Es un postre humilde que ha sabido adaptarse a cada época hasta convertirse en el tesoro gastronómico que disfrutamos hoy.
Cómo hacerlas para que te hagan la ola en casa
Si quieres que te salgan de esas que se deshacen en la boca, olvídate de las prisas. Aquí te paso mi hoja de ruta:

Lo que necesitas:
- Pan con cuerpo: Usaremos pan especial para torrijas (tipo brioche).
- Leche: entera o semi desnatada, según gusto.
- Huevo batido y aceite de oliva (suave) para freír.
El secreto de amigo:
- Empápalas sin miedo: No las pases por la leche y ya está. Déjalas ahí hasta que parezca que se van a romper. Ese es el punto para que luego por dentro sean pura crema.
- El aceite, en su punto: Si está frío, las torrijas chupan mucho aceite. Si está muy caliente, se queman por fuera y quedan secas por dentro.
- El toque final: A mí me encanta espolvorear las torrijas con canela molida.
Hoja de receta

Torrijas con pan brioche y canela
Ingredientes
- 1 bolsa Pan brioche especial para torrijas (500 gr)
- 750 ml Leche
- 5 Huevos
- Canela
Instrucciones
- Dispón dos platos, uno con leche y otro con huevos batidos, y una sartén con aceite.

- Cogemos una rebanada de pan y la empapamos en leche por ambas caras.

- A continuación la echamos en el plato donde tenemos los huevos y la dejamos unos minutos por cada lado para que se empape bien de huevo.

- La freimos en la sartén por ambos lados hasta que este dorada.

- La colocamos en una bandeja sobre papel absorbente para eliminar el exceso de aceite.

- Finalmente se espolvorean con canela molida.



