
Croquetas de jamón cremosas
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Un clásico que sabe a hogar
Si hay una receta que despierta nostalgia, provoca sonrisas y logra unir generaciones alrededor de una mesa, esa es, sin duda, la de las croquetas de jamón. No importa si eres más de las cremosas por dentro o de las que crujen como un suspiro al primer bocado; lo cierto es que pocas cosas saben tanto a casa como unas croquetas bien hechas.
Un poco de historia: origen francés, alma española
Aunque hoy las relacionamos sobre todo con la gastronomía española, las croquetas nacieron en Francia a principios del siglo XIX. El término croquette viene del verbo croquer, que significa “crujir”. Fue el chef Marie-Antoine Carême quien las introdujo como una receta refinada para la alta cocina, con bechamel cremosa y rellenos delicados.
Con el tiempo, la receta viajó y se adaptó, encontrando en España su hogar más popular. Aquí se transformaron en un plato cotidiano, sabroso y versátil, y se convirtieron en una de las joyas de la cocina casera.
¿Por qué elegir las de jamón?
Entre todas las variantes posibles, las de jamón tienen algo especial. Su sabor es intenso, su textura perfecta, y su aroma inconfundible. Además, el jamón serrano aporta ese toque salado que las hace irresistibles.
Son ideales para una comida informal, una cena con invitados o para llevar al trabajo. Se adaptan a todo y siempre triunfan.
El secreto está en la bechamel
Una buena croqueta empieza por una buena bechamel. Debe quedar suave, sin grumos, y con una textura cremosa pero firme. Esto se consigue con calma, removiendo constantemente y controlando el fuego.
Otro paso esencial es dejar que la masa repose bien en frío antes de formar las croquetas. Así se manejan mejor y se fríen sin romperse.

Trucos para un rebozado perfecto
- Usa pan rallado fino para un acabado tradicional, o panko para un extra de crujiente.
- Reboza siempre en este orden: harina → huevo → pan rallado.
- Fríe en aceite bien caliente, pero sin que humee, para que no se abran y no queden aceitosas.
¿Y si haces de más? ¡Congélalas!
Una gran ventaja de las croquetas caseras es que puedes hacer una tanda grande y congelarlas antes de freír. Así tendrás siempre un recurso delicioso a mano, ya sea para una comida improvisada o una visita inesperada. Solo tienes que freírlas directamente desde el congelador, sin descongelar.
Cocinar sin prisas, saborear con calma
Hacer croquetas en casa es una forma de reconectar con la cocina de verdad. De esa que no tiene prisa, que huele a infancia, a cocina de abuela, a domingo por la noche.
Y sí, requieren tiempo y mimo, pero el resultado compensa cada minuto invertido. Porque pocas cosas dan tanta satisfacción como ver cómo desaparecen del plato mientras alguien pregunta: “¿quedan más?”
Hoja de receta

Croquetas de jamón cremosas
Ingredientes
Para la masa
- 50 gr aceite de oliva virgen extra
- 50 gr mantequilla
- 100 gr harina
- 150 gr jamón serrano o iberico
- ½ cebolla grande
- 1 litro leche
Para el rebozado
- Harina
- Huevo
- Pan rallado
Instrucciones
- Ponemos en una cazuela el aceite y la mantequilla. Cuando la mantequilla se haya fundido y la mezcla esté bien caliente, añadimos la cebolla finamente picada. La rehogamos a fuego medio durante unos 5 minutos, hasta que esté transparente y empiece a dorarse ligeramente.
- Incorporamos el jamón picado y lo salteamos un par de minutos, lo justo para que suelte su aroma sin llegar a dorarse demasiado.
- Añadimos la harina y la cocinamos durante unos 2 minutos, removiendo constantemente para que pierda el sabor a crudo y se integre bien con el resto de ingredientes.
- A continuación, vamos incorporando la leche, que habremos calentado previamente, poco a poco y sin dejar de remover. Es importante añadirla en tandas para evitar que se formen grumos.
- Una vez hayamos vertido toda la leche, seguimos cocinando la bechamel a fuego medio-bajo durante unos 20 minutos. No dejamos de remover en ningún momento, con paciencia, hasta que la mezcla espese y se despegue con facilidad de las paredes de la cazuela. Ese será el indicio de que está en su punto.
- Vertemos la masa en una fuente y la cubrimos con papel film, colocándolo en contacto directo con la superficie para evitar que se forme una costra. Lo ideal es dejarla reposar en la nevera al menos unas horas, mejor aún de un día para otro, para que coja cuerpo.
- Cuando la masa esté bien fría, formamos las croquetas con la forma que más nos guste: alargadas, redondas, pequeñas o generosas. Luego las pasamos, en este orden, por harina, huevo batido y pan rallado. Este orden es fundamental para que el rebozado quede perfecto.
- En una freidora o en una sartén con abundante aceite bien caliente, añadimos las croquetas y las freímos hasta que estén doradas.
- A medida que las vamos sacando, las dejamos sobre un plato cubierto con papel de cocina para que absorba el exceso de aceite.
- Y ahora sí, ¡a servir y disfrutar! Crujientes por fuera, cremosas por dentro… ¿Quién puede resistirse?
Notas


